De nuestra primera vez


Por: Lilian Cid Escalona/ Cubahora

Las Tunas es el Campeón de la 58 Serie Nacional de Béisbol. Lo ha logrado con el tremendísimo mérito de haber sido el mejor equipo del torneo. Por esta vez la vida ha sido consecuente y nos ha dejado – a los tuneros – cantar la victoria en el momento justo, sin sucumbir ante los arrebatos de un favoritismo que en instancias decisiva siempre ha sido ficticio.

Las Tunas es el Campeón de la Serie Nacional, y yo no puedo evitar pensar en cuánto hemos bregado y penado para llegar hasta aquí. Mi mente viaja, por ejemplo, a principios de siglo. Corría, creo, el año 2000, y Las Tunas seguía siendo el equipo de final de tabla que siempre conocí. Aun así, yo me escapaba de la vocacional (IPVCE Luis Urquiza Jorge) todos los fines de semana, cruzaba la ciudad y me instalaba en el Mella desde horas tan tempranas que no pocas veces, los rivales de turno (siempre me ha gustado sentarme en la grada del visitante) se compadecieron de aquellas chicas de uniforme y nos ofrecieron consuelo por la inminente derrota y hasta obraron por caridad. Una vez, por citar alguna de las tantas, me tomé el helado de la merienda de los holguineros Orelvis Ávila y Luis Miguel Rodríguez.

Yo me iba para el Mella con toda la ilusión, y casi siempre me tocaba verlos perder, porque para ese entonces todos los equipos iban a Las Tunas con la certeza de llevarse, al menos, dos victorias. Aun así, los tuneros no jugaban sin los suyos, había muchos fieles que los acompañaban, y coreaban cada batazo como si valiera para llevarse campeonato.Y en esas circunstancias fui de las que se lanzó al terreno un gran día en el que le ganamos al Santiago aplanador, disfrutando sobremanera con varias bolas que, aunque lanzadas por el estelarísimo Norge Luis Vera, volaron hasta el techo de la archiconocida carpintería.

Pasa por que en Las Tunas la gente siempre ha amado el béisbol; y en mi familia también. A ella la culpo por esta pasión que a veces me consume por dentro, pues desde que nací respiré pelota. Y me crie jugándola en el patio de la casa de mis abuelos paternos, mientras escuchaba los cuentos de cómo mi tío Luis Cid hasta fue pretendido por la franquicia Almendares. También sufriendo doble porque mi primo, Alejandro Cid, lanzó con los tuneros unas cuantas campañas durante su época más nefasta.
Mientras tanto, nadie renunció al sueño. Y el camino a esta cima se esculpió desde cero, con Ermidelio y compañía blandiendo el bate y poco después, llevando las riendas.

Entonces nos metimos en el play off y aunque caímos, una y otra vez, supimos que se podía, que sí se podía. Así llegamos hasta aquí, con una generación que creyó, luchó, y cumplió. Una generación que es ya histórica por la gloria alcanzada. Gloria que tampoco nos hará olvidar el pasado. Porque el pasado es justamente lo que más engrandece este triunfo sin precedentes en la historia de la pelota cubana.

Este 17, casi 18 de enero, es por derecho propio, un día legendario para Las Tunas, y para su gente. Porque la victoria no le atañe únicamente al equipo. Es una victoria de miles de corazones y de cientos de hombres, de béisbol o no. Es un triunfo que va por todos los que han vestido esa camiseta, aquellos que salían cada día a dar todo lo que tenían, a sabiendas de que no era suficiente. Va por los otros tantos que en series nacionales inmemoriales ocuparon los últimos puestos y no solo por militar en un grupo complejo como el C. Equipos que perdieron incontables juegos de pelota por no tener cómo transportarse para disputarlos o porque al viajar en una desvencijada guagua o en un camión B8, de los de la zafra, no llegaban a tiempo a los partidos.

Esta es una victoria tan necesaria como el oxígeno mismo. Un triunfo sobre el que también descansa el futuro de esta provincia, muchas veces, olvidada. Es un acto de resurrección, la muestra fehaciente de que en la vida tenemos derecho a todo, menos a renunciar, y perder la fe y la esperanza. Esta victoria se adereza con el ímpetu que nos viene por la casta rebelde del General Vicente García y con humildad hemos de agradecer a los muchachos que vinieron de otras huestes y se integraron a estos nuevos leones de Santa Rita.

Y así, con la piel de gallina y una amalgama indescriptible de sentimientos a flor de piel grito la victoria con todas las fuerzas de mi ser.

Y desde aquí, desde la fría capital de casi todos los cubanos, voy a festejarlo, sintiendo, muchísimo, que en Alamar no se forme una conga.

Las Tunas es el Campeón de la Serie Nacional. Las Tunas es, finalmente, el campeón de la pelota cubana…

y qué bueno que lo he vivido, porque no me cansaré nunca de contarlo.

 

 

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